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Historia Clínica: Se
enfocará en los síntomas principales, el tiempo de evolución, los tratamientos
recibidos y la respuesta del paciente a los mismos, la progresión de la sintomatología y las limitaciones que
los síntomas imponen al paciente. Durante esta fase es de suma importancia conocer el nivel de actividad física
del paciente y las expectativas ante el tratamiento, así como su disposición a
acatar las indicaciones y la rehabilitación en caso de que sea necesaria
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Exploración
Física: Se valorará la movilidad de la articulación
afectada, el dolor a maniobras específicas, la alineación de la extremidad, la condición de la masa muscular,
la estabilidad de la articulación, la presencia de lesiones asociadas de otras estructuras articulares como los meniscos.
La exploración junto con la historia clínica permitirá conocer el estado funcional
de la articulación afectada
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Resonancia
Magnética Nuclear (RMN): Este estudio con las especificaciones
adecuadas permite visualizar el cartílago articular y el hueso subyacente al mismo, además permite visualizar
otras estructuras de tejidos blandos como los ligamentos, meniscos, el labrum, y los músculos. En patologías
como la necrosis avascular la RMN se ha vuelto prácticamente indispensable para una valoración
completa
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Artroscopía: La artroscopía permite visualizar directamente
las estructuras intraarticulares, evaluando la integridad del cartílago articular, ligamentos intraarticulares, meniscos
y de la membrana sinovial (el revestimiento de las articulaciones). En muchas de las ocasiones la artroscopía permite
realizar el tratamiento al mismo tiempo del diagnóstico, sin embargo en patologías
complejas puede ser necesaria una segunda artroscopía para realizar el tratamiento definitivo
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